Deportes Quindío; UN MORIBUNDO SIN DOLIENTES (Opinión)
Luis Estrada | Lunes 11 Abril, 2011 | 4:32 PM
Artículo realizado por mi amigo Diego Fernando Pava.
“Siquiera se murieron los abuelos, Sin sospechar el vergonzoso eclipse.” Jorge Robledo Ortiz
Mi abuelo murió un 8 de diciembre de 1997 en la madrugada perdiendo una corta pero dura batalla contra el cáncer. Según mi abuela, el domingo 7 había tenido su mejor día en meses, completamente lúcido, tranquilo y con una sonrisa imperturbable en el rostro.
De mi abuelo aprendí muchísimas cosas, su honestidad y franqueza al hablar, su forma de tratar con dignidad y respeto al prójimo, pero sobretodo su amor por el Quindío y por todo lo que lo representa. Mi abuelo pertenecía a esa generación ya casi extinta que cambió por siempre la historia de una región.
En 1950, una joven Armenia sufría el olvido y el menosprecio de los dirigentes, que desde Manizales manejaban los hilos del departamento. Las ganas de emanciparse crecían en una región rica en amor propio y que lentamente dejaba de ver a la capital del hoy viejo Caldas como el ente conductor de su destino.
En medio de este enrarecido clima político llegó a la ciudad de Armenia un joven equipo Argentino compuesto por jugadores de varios equipos provenientes de la ciudad de Rosario y bajo el nombre de Rosario Wanders. Lo que en un inicio iba a ser visita de 3 días se convirtió en una estadía de casi un mes disfrutando de las bondades de la región. Fue ahí que un grupo de dirigentes de la región les propusieron a los jugadores hacer de Armenia su casa y formar un equipo que jugara el campeonato local.
Después de unas arduas negociaciones con la federación en Bogotá se llegó a un acuerdo, Armenia podría tener su equipo de futbol si antes de cuatro meses construía un estadio adecuado para el campeonato, algo que parecía imposible para la época. Sin embargo, la sociedad de Armenia recibió la noticia con júbilo y aceptó el reto, Inmediatamente el alcalde, los curas y demás dirigentes de la región salieron a pedir la colaboración de los ciudadanos. A líderes de la región como Félix Salazar Santacoloma, Antonio “el Turco” Hadad, Alfredo Sanín y Nepo Jaramillo se les debe en gran medida que el proyecto diera frutos. Cada familia de armenia donó para la causa un saco de cemento, un galón de pintura, comida y bebidas para los cientos de voluntarios que sin experiencia pero con mucho corazón se presentaron en el lote contiguo al batallón Cisneros, un lote difícilmente apropiado para tal tarea.
Un día de San José, 90 días después de iniciada la construcción, el estadio de 12 mil personas era terminado y al equipo se le daba vía libre para empezar su existencia. La construcción del estadio en tan poco tiempo fue un hecho tan extraordinario en esa época que un periodista decidió bautizar por ese hecho a la ciudad de Armenia como “la ciudad milagro”. El nombre elegido para el equipo fue Deportes Quindío en honor de la región. Muy pocos lo saben, pero el Deportes Quindío fue el primer grito de independencia de un departamento que no sería tal por otros 18 años.
Para la generación de mi abuelo, el Deportes Quindío era el orgullo de la región, ir al San José a verlo jugar era casi un peregrinaje a un lugar sagrado. Y aunque la historia nos diga que hubo más fracasos deportivos que rutilantes victorias, en el alma de la región siempre existió el equipo, como testimonio de un pueblo que quería salir adelante con el fruto de su trabajo.
La generación de mis padres vio como el sueño del departamento se hacía realidad siendo aun unos niños, el nuevo departamento del Quindío vivía las mieles de la bonanza cafetera y su nueva riqueza gradualmente les hizo olvidar todo el esfuerzo y el amor a la región que los abuelos trataron de inculcar. El equipo fue perdiendo importancia en el inconsciente colectivo del departamento, lo que permitió la llegada de dirigentes de otras regiones. Para principios de los noventas, en mi época de colegio, ya ser hincha del Quindío era una novedad. Recuerdo en mi salón de clase solo dos personas nos declarábamos hinchas del Quindío, el resto, hinchas de América y Nacional en su mayoría.
El sábado 9 de Abril del 2011, Deportes Quindío vivió uno de los días más negros de su historia, cuando el dueño y presidente del equipo oriundo del departamento del Cauca y sin lazo alguno que lo ligue al departamento del Quindío decidió vestir con los colores verde y amarillo a un grupo de niños de un club aficionado del Valle del Cauca y hacerlos saltar a la cancha de El Campín representando a la institución en un acto que raya en la burla. Una burla no solo a la poca afición que aun sobrevive sino a la Dimayor en general y al fútbol Colombiano. Que se les deba tres meses de sueldo a una plantilla profesional que debe ser de las más baratas del país, y justo después de que el dueño ha vendido a otros equipos los mejores jugadores es un acto que solo debe generar repudio y vergüenza.
Podemos insultar a Hernando Ángel todo lo que queramos y seguramente con justa razón, pero los Quindianos somos los verdaderos culpables de lo que está pasando. Culpables fueron nuestros padres que dejaron llegar a la institución personajes oscuros como Genaro Cerquera y Carlos Alberto Oviedo, culpables somos nosotros que dejamos tirado al equipo durante años para que unos dirigentes de Medellín nos enviaran a la B, también es nuestra culpa que prácticamente le regaláramos el equipo a Hernando Ángel porque nadie en Armenia se quiso hacer cargo de él.
El último Quindío que mostró un poco de esa gallardía y ese amor por la camiseta, fue aquel Quindío del torneo Adecuación 1997. Esa tarde del 7 de diciembre, enfrentó con temperamento y fútbol al Deportivo Cali y con dos goles de Daniel Alberto Tilger se selló el tiquete a la final. Mi abuelo gritó cada gol desde su lecho de enfermo y con una lágrima agradeció al equipo esa última alegría antes de partir. Al igual que el poeta Jorge Robledo Ortiz y a pesar de la falta que me hace el viejo, yo también agradezco que se haya ido antes de que Orlando Ballesteros nos devolviera a nuestro kármico lugar de intrascendencia deportiva, y me alegra que no esté aquí para ver en lo que se convirtió el símbolo de su querida región
El Deportes Quindío es un moribundo que lleva más de 30 años enfermo, y como toda enfermedad, entre más tiempo pase más difícil de curar será. Para colmo de males, cada vez son menos los dolientes que tiene el equipo mientras la clase política del departamento estás más preocupada en desangrar las finanzas de la región y explotar la nueva bonanza turística, y solo se acuerdan del equipo en época electoral, para olvidarlo de nuevo una vez han sido elegidos.
Siquiera se murieron los abuelos…
Diego Fernando Pava



En imagen Giovanni Hernández, llegó a Júnior como el refuerzo estrella en busca de volver a la selección, ayudar al equipo en busca de evitar al descenso e incluso teniendo problemas en el Colo Colo de Chile, equipo al cual quiere y agradece de corazón, pero por otras razones que no cito decidió marcharse y desde cuando llegó a Barranquilla le hemos visto amor, cariño a la camiseta y nadie duda que fecha tras fecha ha dado todo de sí para llevar al equipo lejos. Su intención, salir campeón con Júnior y salir de la crisis del descenso. En la carta a continuación publicada en el Diario El Heraldo de Barranquilla se lee a un Giovanni preocupado e interesado en el bienestar del equipo. No es la primera vez que lo hace, ha dicho incluso que se siente costeño y es juniorista, algo de admirar y de agradecer, ojalá aprendan un poco el montón de pasteleros y falsos que apoyan a el equipo en las buenas pero en las malas se desaparecen, aún quedamos pocos hinchas junioristas de verdad.